La mayoría de los trámites internos no están escritos en ningún lado. Viven en la cabeza de una persona, una planilla y una costumbre. Los que sí están escritos suelen estar escritos dentro del software, y entonces cambiarlos necesita un ticket, un desarrollador y una liberación.
En Praxis el trámite es algo que editás.
El flujo
Un trámite es un conjunto de etapas y los pases entre ellas. Lo dibujás: acá arranca un expediente, estas son las salidas de cada etapa, y acá termina. Cada pase se llama como lo que realmente es — presentar, devolver para correcciones, aprobar, cancelar — porque “cambió de estado” no le dice nada a nadie seis meses después.
Para cada pase decidís quién puede hacerlo y qué tiene que estar listo antes: un comentario, un documento, un formulario, una firma. “Necesitamos el número de factura antes de que lo vea Legal” pasa a ser una regla del trámite, no un correo pidiendo el dato que falta.
Publicar un cambio no reescribe el pasado. Los expedientes ya abiertos se quedan con las reglas con las que arrancaron. El siguiente ya sigue las nuevas.
Los formularios
La otra mitad de un trámite es la información que hace falta antes de que alguien pueda actuar. En Praxis eso se arma en el mismo lugar que el flujo, en la etapa donde corresponde.
Algunos se llenan solos. Alguien sube una factura de ARCA, un VEP o un DNI, y el formulario ya está casi completo.
Si el envío estaba mal, pedís una corrección. El original no desaparece.
Lo demás
La misma idea cubre lo que la gente nota: tu logo, tus colores, tu dominio, y cada persona leyendo la interfaz en español o en inglés.
Nada de esto es una liberación de software. Lo cambia quien es dueño del proceso.
Si esto se parece a un problema que tenés, escribinos.